En este blog intentare solucionaros problemas cotidianos que os puedan surgir con vuestros hijos a lo largo de las diferentes etapas por las que vayan pasando.
GUIA PARA LOS PADRES
martes, 4 de diciembre de 2012
lunes, 3 de diciembre de 2012
RIVALIDAD ENTRE HERMANOS
Todos queremos que nuestros hijos se lleven bien entre
ellos, pero la realidad es que lo más común es que peleen todo el tiempo; y
claro, ¡también es muy común ese constante cambio entre adorarse y detestarse!
Muchas veces la rivalidad entre
hermanos empieza antes de que el más pequeño nazca y continúa a medida que
crecen. Los hermanos compiten por todo: juguetes, atención o por el simple
deseo de ganar. Conforme crecen, sus necesidades cambian y, junto con ellas, la
forma de relacionarse con otros niños y con su propia familia.
Es muy frustrante ver y escuchar a los hijos pelear
todo el día. Una casa que está en constante conflicto es estresante para todos.
Para los padres puede ser muy difícil encontrar formas para solucionar los
conflictos o decidir si deben involucrarse o no. Sin embargo, los siguientes
consejos pueden ayudar a promover la paz y las buenas relaciones entre
hermanos.
¿Porqué los niños pelean?
La mayoría de los niños se sienten celosos de sus
hermanos o hermanas en algún momento de su desarrollo y esto puede desencadenar
peleas y constante competencia; sin embargo, los celos no son el único factor
de disputa, entre otras cosas que pueden causar rivalidad están:
Desarrollo: Conforme
crecen, las necesidades de los niños cambian, sus intereses, habilidades y
personalidad afectan la forma como se relacionan con los demás. Por ejemplo,
los niños de 2 a 3 años tienden a ser posesivos con sus juguetes y pueden
reaccionar impulsivamente cuando un hermanito bebé toca alguno de ellos. Los
niños de preescolar ya poseen un concepto de igualdad y justicia por lo que
pueden sentirse abrumados cuando los hermanos de otras edades son tratados de
forma distinta a ellos.
Personalidad: La personalidad individual de cada niño, incluyendo el humor, la disposición y la capacidad de adaptarse, juega un rol muy importante en la forma como se relaciona con los demás. Por ejemplo un niño tranquilo puede tener constante conflictos con un hermano de personalidad inquieta y activa. Del mismo modo, un niño inseguro y demasiado apegado a sus padres puede provocar celos en los hermanos que desearán la misma cantidad de atención.
Modelos a seguir: La forma como los padres resuelven conflictos y desacuerdos es un ejemplo muy importante para los niños; por lo que los niños que viven en familias en donde se procura el respeto y la armonía tienen una probabilidad más alta de desarrollar habilidades pacíficas de solución de problemas.
Necesidades Especiales: En ocasiones lo niños con alguna necesidad especial requieren más tiempo y atención por parte de los padres. Los otros hijos pueden sentirse irónicamente en “desventaja” y con temor a no ser queridos del mismo modo por sus padres.
Personalidad: La personalidad individual de cada niño, incluyendo el humor, la disposición y la capacidad de adaptarse, juega un rol muy importante en la forma como se relaciona con los demás. Por ejemplo un niño tranquilo puede tener constante conflictos con un hermano de personalidad inquieta y activa. Del mismo modo, un niño inseguro y demasiado apegado a sus padres puede provocar celos en los hermanos que desearán la misma cantidad de atención.
Modelos a seguir: La forma como los padres resuelven conflictos y desacuerdos es un ejemplo muy importante para los niños; por lo que los niños que viven en familias en donde se procura el respeto y la armonía tienen una probabilidad más alta de desarrollar habilidades pacíficas de solución de problemas.
Necesidades Especiales: En ocasiones lo niños con alguna necesidad especial requieren más tiempo y atención por parte de los padres. Los otros hijos pueden sentirse irónicamente en “desventaja” y con temor a no ser queridos del mismo modo por sus padres.
¿Qué hacer cuando los pleitos comienzan?
Mientras sea posible, lo padres deben evitar
involucrarse. Intervenga solo si hay algún peligro o posibilidad de daño
físico. Los padres que siempre intervienen en las peleas no le brindan la
oportunidad a sus hijos de adquirir habilidades de solución de problemas por sí
solos; además de que intervenir puede traer consigo mayores conflictos y celos.
Cuando los niños peleen con un lenguaje inadecuado, es muy importante enseñarles a decir lo que sienten con las palabras apropiadas, llamarles la atención y utilizar técnicas como “el frasco de las malas palabras” (En el que al decir una mala palabra los adultos deben de poner una cantidad de dinero establecida y los niños deben de cumplir un deber del hogar)
Cuando los niños peleen con un lenguaje inadecuado, es muy importante enseñarles a decir lo que sienten con las palabras apropiadas, llamarles la atención y utilizar técnicas como “el frasco de las malas palabras” (En el que al decir una mala palabra los adultos deben de poner una cantidad de dinero establecida y los niños deben de cumplir un deber del hogar)
Incluso cuando sea necesario intervenir, motive a sus hijos
a buscar soluciones por si mismos, aportar ideas y llegar a un acuerdo. Algunos
aspectos a considerar cuando se interviene en los pleitos son:
Separarlos hasta que se calmen: En ocasiones es necesario separarlos para que el
pelito no pase a mayores o para que no se lastimen, cuando haga esto, analice
la posibilidad de únicamente separarlos físicamente y darles espacio para
relajarse y poder encontrar una solución. Muchas veces al calor de las
emociones los niños no pueden razonar y se sienten demasiado abrumados.
No ponga demasiada atención en determinar quién es el culpable: Recuerde que todos los involucrados en el pleito son culpables. Trate de dibujar un panorama en el que la solución sea de ganar – ganar y cada niño obtenga algo positivo. Cuando ambos quieran el mismo juguete, puede retirárselos y en su lugar otorgarles un juego que puedan jugar juntos (la consecuencia por haber peleado podría ser que deben de jugar tranquilamente el juego que usted elija y compartirlo antes de poder jugar con cualquier otra cosa)
No ponga demasiada atención en determinar quién es el culpable: Recuerde que todos los involucrados en el pleito son culpables. Trate de dibujar un panorama en el que la solución sea de ganar – ganar y cada niño obtenga algo positivo. Cuando ambos quieran el mismo juguete, puede retirárselos y en su lugar otorgarles un juego que puedan jugar juntos (la consecuencia por haber peleado podría ser que deben de jugar tranquilamente el juego que usted elija y compartirlo antes de poder jugar con cualquier otra cosa)
Recuerde que mientras los niños lidian con sus
hermanos, también están aprendiendo lecciones de vida; como el valorar el punto
de vista de los demás, a controlar sus impulsos y a compartir lo que tienen.
Ayudando a los hermanos a llevarse bien
Algunas cosas sencillas que los padres pueden hacer
para prevenir pleitos son:
Establezca reglas de comportamiento claras: Haga saber a sus hijos los comportamientos que no se
aceptan en casa como: decir insultos, azotar las puertas, poner apodos o
gritar. Pídales que establezcan también sus propias reglas y las consecuencias
por romperlas. De esta forma estará enseñando a los niños a ser responsables de
su propio comportamiento y acciones, independientemente del pleito o de si
ellos lo iniciaron o no.
Explíqueles que no todo puede ser igual: Dependiendo de las características de cada niño, un hermano puede requerir o mayor atención que el otro. Platique con sus hijos y resuelva sus dudas de raíz. Aunque no les encante la idea, los hermanos mayores tienen que entender que los pequeños requieren más ayuda para hacer las cosas y por lo tanto mayor atención, sin que eso signifique que lo quiere más que a él.
Dedique a cada niño un poco de tiempo individual: Dirija un poco de atención individual a cada hijo de acuerdo a sus gustos y necesidades. Si a su hijo mayor le gustan los juegos de video, juegue con el, pídale que le enseñe, comparta sus gustos. Si al pequeño le gusta ir al parque, vayan juntos, permítale elegir a donde ir.
Asegúrese que sus hijos tienen tiempo para sí mismos: Los niños necesitan jugar solos, disfrutar de su espacio y de su tiempo. También requieren jugar con sus amigos sin tener todo el tiempo al hermano con ellos o simplemente disfrutar de actividades en las que tienen no tienen que compartir lo que les gusta.
Demuéstreles que su amor no tiene límites: Hágalos sentir seguros, importantes, queridos y satisfechos con lo que tienen.
Diviértanse en familia: Ya sea en el cine, en el parque, jugando futbol, vistiendo muñecas o jugando un juego de mesa, estará estableciendo una forma tranquila de pasar tiempo juntos y relacionarse. Las actividades familiares ayudan a disminuir la tensión en el hogar.
Establezca horarios claros: Si sus hijos pelean por tiempo de tele, videojuegos o determinado juguete, establezca un horario en el que cada uno pueda ver cuándo es su tiempo de jugar.
Retroalimente los conflictos: Cuando se de un conflicto, platique con sus hijos sobre lo que pasó, cómo se solucionó y recuérdeles las reglas de la casa y las consecuencias por no cumplirlas.
Busque ayuda: Si hace todo lo que usted puede hacer y sigue sintiendo que los conflictos no se detienen, no dude en buscar orientación con un psicólogo, tanto para recibir orientación para padres como para ayudar a sus hijos a llevarse adecuadamente. Los casos en los que se debe de buscar ayuda de forma inmediata son los siguientes:
Explíqueles que no todo puede ser igual: Dependiendo de las características de cada niño, un hermano puede requerir o mayor atención que el otro. Platique con sus hijos y resuelva sus dudas de raíz. Aunque no les encante la idea, los hermanos mayores tienen que entender que los pequeños requieren más ayuda para hacer las cosas y por lo tanto mayor atención, sin que eso signifique que lo quiere más que a él.
Dedique a cada niño un poco de tiempo individual: Dirija un poco de atención individual a cada hijo de acuerdo a sus gustos y necesidades. Si a su hijo mayor le gustan los juegos de video, juegue con el, pídale que le enseñe, comparta sus gustos. Si al pequeño le gusta ir al parque, vayan juntos, permítale elegir a donde ir.
Asegúrese que sus hijos tienen tiempo para sí mismos: Los niños necesitan jugar solos, disfrutar de su espacio y de su tiempo. También requieren jugar con sus amigos sin tener todo el tiempo al hermano con ellos o simplemente disfrutar de actividades en las que tienen no tienen que compartir lo que les gusta.
Demuéstreles que su amor no tiene límites: Hágalos sentir seguros, importantes, queridos y satisfechos con lo que tienen.
Diviértanse en familia: Ya sea en el cine, en el parque, jugando futbol, vistiendo muñecas o jugando un juego de mesa, estará estableciendo una forma tranquila de pasar tiempo juntos y relacionarse. Las actividades familiares ayudan a disminuir la tensión en el hogar.
Establezca horarios claros: Si sus hijos pelean por tiempo de tele, videojuegos o determinado juguete, establezca un horario en el que cada uno pueda ver cuándo es su tiempo de jugar.
Retroalimente los conflictos: Cuando se de un conflicto, platique con sus hijos sobre lo que pasó, cómo se solucionó y recuérdeles las reglas de la casa y las consecuencias por no cumplirlas.
Busque ayuda: Si hace todo lo que usted puede hacer y sigue sintiendo que los conflictos no se detienen, no dude en buscar orientación con un psicólogo, tanto para recibir orientación para padres como para ayudar a sus hijos a llevarse adecuadamente. Los casos en los que se debe de buscar ayuda de forma inmediata son los siguientes:
1. Los
desacuerdos entre hermanos son tan severos que llevan consigo problemas
maritales.
2. Las peleas
constantemente llevan consigo agresiones físicas.
3. El
autoestima de algún miembro de la familia se está dañando.
4. Las peleas
pueden estar relacionadas con cuestiones más profundas como una depresión
infantil peleas entre hermanos
Afrontar las peleas entre hermanos
Afrontar las peleas entre hermanos
martes, 20 de noviembre de 2012
PATALETAS Y OTRAS CONDUCTAS NEGATIVAS

Las pataletas (y la forma de manejarlas)
suelen ser una de las principales quejas que los padres reportan respecto de la
conducta de sus hijos/as, especialmente durante los primeros seis años de vida.
En general, una pataleta es entendida como una reacción descontrolada y no
planificada de rabia y frustración que se expresa a través de una serie de
conductas que pueden ir desde llorar, gritar, tirarse al suelo, hasta pegar,
morder, y golpear/se. Evidentemente, mientras más descontrolada y extrema es la
reacción del niño/a, más indicadora es de algún tipo de dificultad temperamental,
emocional, familiar, genética, y/o contextual.
Todos los seres humanos (niños y adultos) suelen hacer pataletas, lo que varía
es la intensidad, duración y tipo de conducta que se realiza para expresar la
rabia y frustración. Estudios específicos sobre la duración e intensidad de la
pataleta han mostrado que ésta conducta tiene su pick de intensidad entre los 1
y 4 años, en donde alrededor del 80% de los niños suelen acudir a este tipo de
reacciones en momentos de stress, rabia y frustración. A pesar de que muchas
veces se atribuye a la pataleta una intención de manipulación por parte del
niño/a, esta reacción suele expresar una necesidad no cumplida (sea una
necesidad física, emocional, social, etc.). Es decir, los niños hacen pataletas
como una forma de expresar su rabia y stress producto de no haber obtenido lo
que desean conseguir y no necesariamente como intentos de manipulación hacia
los padres.
VÍDEO:
¿Cómo se manejan las
pataletas?
Históricamente, el consejo práctico que los profesionales han dado se relaciona a ignorar la pataleta, no hacer caso a las peticiones del niño/a, y/o dejarlo en un lugar alejado hasta que se calme (por ejemplo, cuando se envía al niño a su habitación). Es decir, lo que se conoce como la técnica del Time-Out (Tiempo-Fuera). Sin embargo, últimos estudios provenientes de las investigaciones sobre la calidad del apego entre padres e hijos y del desarrollo de habilidades socio-emocionales en los infantes (lo que se conoce como Aprendizaje Socio-emocional) han demostrado que este tipo de técnicas provoca una serie de efectos negativos a corto y largo plazo, tanto en los niños, como en la relación con los padres. En primer lugar, se ha demostrado que cuando se les hace Tiempo-Fuera (no solo en el contexto de la crianza, sino también en la educación preescolar y escolar) ellos reportan sentirse con más rabia, más frustración e ignorados por sus padres (o profesores). Algunos mencionan sentirse tristes y rechazados y no confiar en la disponibilidad y ayuda del adulto cuando se sienten mal.
En segundo lugar, los niños/as que son sometidos a esta técnica como práctica disciplinaria cotidiana para manejar eventos estresantes, evidencian a largo plazo mayores índices de agresividad, mala conducta, desorden, y oposicionismo, ya no solo con sus padres sino con otros adultos. Es decir, que en este sentido, el Tiempo-Fuera puede parecer que tiene efectos positivos a corto plazo (ya que el niño parece calmarse) pero a largo plazo genera un clima conflictivo y hostil entre el niño y sus padres. Por último, los estudios sobre prácticas positivas de crianza han mostrado que la técnica del Tiempo-Fuera NO enseña nada positivo al niño/a sobre su propia conducta y reacciones y la de los otros (es decir, no enseña nada sobre valores e inteligencia emocional). Más bien lo que hace es imponer una disciplina sobre la base de enseñar un poder autoritario que se debe acatar, pero sin que el niño pueda comprender el qué, cómo y porqué de su conducta descontrolada. Más aún, esta técnica suele dar una información emocional contradictoria al niño, donde se le impone que trate de calmarse por sí mismo y en soledad, cuando la pataleta es justamente una expresión de que él no tiene la habilidad para hacer eso.
¿Cuál sería entonces un manejo apropiado de las pataletas?
Más que Tiempo-Fuera, el mejor manejo sería un Tiempo-Adentro (Time-In). El Tiempo-Adentro implica que, más que alejarse del niño y dejarlo solo, hay que quedarse con él/ella utilizando una serie de estrategias para que se calme. Esta estrategia tiene el fin último de comunicar al niño/a que los padres son seres protectores y contenedores en momentos difíciles (aspecto vital en toda estrategia sana de crianza). Más específicamente, algunas acciones concretas a realizar son:
1) Nunca descontrolarse en esos momentos (no gritarle, pegarle, decir malas palabras, o inferir malas intenciones).
2) Ponerse a la altura visual del niño/a: esto permite que él sienta menos estrés y poder autoritario de parte de los padres y pueda calmarse fácilmente.
3) Siempre trate de poner en palabras o comentar en frases breves y simples lo que está ocurriendo afectivamente en el niño (por ejemplo, “yo sé que te da rabia porque no quieres acostarte, pero tienes que dormirte porque ya es tarde”). Esto ayuda a que el niño aprenda en futuras ocasiones a comprender y verbalizar estas reacciones de descontrol.
4) Desviar la atención con algo agradable para el infante: es decir, mostrarle una alternativa que le guste (por ejemplo, ofrecer leer un cuento en vez de comer un helado a las 9 de la noche). Esto no solo calma al niño, sino que le enseña formas para calmarse en el futuro.
5) No tratar de enseñar temas de disciplina en el momento de la pataleta, ya que cuando uno se encuentra en estados afectivos negativos no comprende razones ni consecuencias (por ejemplo, “si te portas mal, no podrás salir mañana”), sino mas bien esperar a que esté más calmado y mostrarle que su conducta no es apropiada (obviamente, sin descalificarlo, culparlo, y/o ridiculizarlo).
En el fondo, el Tiempo-Adentro (a diferencia del Tiempo-Afuera) lo que hace es tratar de contener y enseñar al niño/a sobre su reacción, más que provocarle más malestar y establecer una autoridad basada en el poder innecesario con él/ella.
De mi experiencia, existen padres que asumen muy bien el Tiempo-Adentro ya que se dan cuenta que las otras estrategias suelen ser muy estresantes para los niños/as. Pero también existen padres que consideran que este tipo de crianza les quita poder y autoridad (como que la crianza con los hijos se basara en una relación asimétrica de acatamiento del poder), y otros padres consideran que ese tipo de estrategias no son muy ideales ya que toman demasiado tiempo y paciencia (pero los niños no tienen la culpa que sus padres no tengan tiempo).
En conclusión, cualquier estrategia de crianza que provoque más estrés y malestar en el niño/a es una estrategia que va a tener efectos negativos a largo plazo. En el caso de las pataletas, un consejo que se puede dar a los padres, madres y adultos, es que piensen durante un momento cómo se sentirían si tratarán de expresarle a alguien que se sienten enojados, frustrados, tristes y esa otra persona NO los tomara en cuenta y los obligara a aguantar solos esa reacción emocional.
Históricamente, el consejo práctico que los profesionales han dado se relaciona a ignorar la pataleta, no hacer caso a las peticiones del niño/a, y/o dejarlo en un lugar alejado hasta que se calme (por ejemplo, cuando se envía al niño a su habitación). Es decir, lo que se conoce como la técnica del Time-Out (Tiempo-Fuera). Sin embargo, últimos estudios provenientes de las investigaciones sobre la calidad del apego entre padres e hijos y del desarrollo de habilidades socio-emocionales en los infantes (lo que se conoce como Aprendizaje Socio-emocional) han demostrado que este tipo de técnicas provoca una serie de efectos negativos a corto y largo plazo, tanto en los niños, como en la relación con los padres. En primer lugar, se ha demostrado que cuando se les hace Tiempo-Fuera (no solo en el contexto de la crianza, sino también en la educación preescolar y escolar) ellos reportan sentirse con más rabia, más frustración e ignorados por sus padres (o profesores). Algunos mencionan sentirse tristes y rechazados y no confiar en la disponibilidad y ayuda del adulto cuando se sienten mal.
En segundo lugar, los niños/as que son sometidos a esta técnica como práctica disciplinaria cotidiana para manejar eventos estresantes, evidencian a largo plazo mayores índices de agresividad, mala conducta, desorden, y oposicionismo, ya no solo con sus padres sino con otros adultos. Es decir, que en este sentido, el Tiempo-Fuera puede parecer que tiene efectos positivos a corto plazo (ya que el niño parece calmarse) pero a largo plazo genera un clima conflictivo y hostil entre el niño y sus padres. Por último, los estudios sobre prácticas positivas de crianza han mostrado que la técnica del Tiempo-Fuera NO enseña nada positivo al niño/a sobre su propia conducta y reacciones y la de los otros (es decir, no enseña nada sobre valores e inteligencia emocional). Más bien lo que hace es imponer una disciplina sobre la base de enseñar un poder autoritario que se debe acatar, pero sin que el niño pueda comprender el qué, cómo y porqué de su conducta descontrolada. Más aún, esta técnica suele dar una información emocional contradictoria al niño, donde se le impone que trate de calmarse por sí mismo y en soledad, cuando la pataleta es justamente una expresión de que él no tiene la habilidad para hacer eso.
¿Cuál sería entonces un manejo apropiado de las pataletas?
Más que Tiempo-Fuera, el mejor manejo sería un Tiempo-Adentro (Time-In). El Tiempo-Adentro implica que, más que alejarse del niño y dejarlo solo, hay que quedarse con él/ella utilizando una serie de estrategias para que se calme. Esta estrategia tiene el fin último de comunicar al niño/a que los padres son seres protectores y contenedores en momentos difíciles (aspecto vital en toda estrategia sana de crianza). Más específicamente, algunas acciones concretas a realizar son:
1) Nunca descontrolarse en esos momentos (no gritarle, pegarle, decir malas palabras, o inferir malas intenciones).
2) Ponerse a la altura visual del niño/a: esto permite que él sienta menos estrés y poder autoritario de parte de los padres y pueda calmarse fácilmente.
3) Siempre trate de poner en palabras o comentar en frases breves y simples lo que está ocurriendo afectivamente en el niño (por ejemplo, “yo sé que te da rabia porque no quieres acostarte, pero tienes que dormirte porque ya es tarde”). Esto ayuda a que el niño aprenda en futuras ocasiones a comprender y verbalizar estas reacciones de descontrol.
4) Desviar la atención con algo agradable para el infante: es decir, mostrarle una alternativa que le guste (por ejemplo, ofrecer leer un cuento en vez de comer un helado a las 9 de la noche). Esto no solo calma al niño, sino que le enseña formas para calmarse en el futuro.
5) No tratar de enseñar temas de disciplina en el momento de la pataleta, ya que cuando uno se encuentra en estados afectivos negativos no comprende razones ni consecuencias (por ejemplo, “si te portas mal, no podrás salir mañana”), sino mas bien esperar a que esté más calmado y mostrarle que su conducta no es apropiada (obviamente, sin descalificarlo, culparlo, y/o ridiculizarlo).
En el fondo, el Tiempo-Adentro (a diferencia del Tiempo-Afuera) lo que hace es tratar de contener y enseñar al niño/a sobre su reacción, más que provocarle más malestar y establecer una autoridad basada en el poder innecesario con él/ella.
De mi experiencia, existen padres que asumen muy bien el Tiempo-Adentro ya que se dan cuenta que las otras estrategias suelen ser muy estresantes para los niños/as. Pero también existen padres que consideran que este tipo de crianza les quita poder y autoridad (como que la crianza con los hijos se basara en una relación asimétrica de acatamiento del poder), y otros padres consideran que ese tipo de estrategias no son muy ideales ya que toman demasiado tiempo y paciencia (pero los niños no tienen la culpa que sus padres no tengan tiempo).
En conclusión, cualquier estrategia de crianza que provoque más estrés y malestar en el niño/a es una estrategia que va a tener efectos negativos a largo plazo. En el caso de las pataletas, un consejo que se puede dar a los padres, madres y adultos, es que piensen durante un momento cómo se sentirían si tratarán de expresarle a alguien que se sienten enojados, frustrados, tristes y esa otra persona NO los tomara en cuenta y los obligara a aguantar solos esa reacción emocional.
MIEDOS

Para los niños, el miedo es un mecanismo que les permite protegerse de estímulos desconocidos. Los padres podemos ayudarles. ¿Cómo? Sobre todo, poniéndonos en su lugar, comprendiéndoles y protegiéndoles.
Los niños
pequeños ven terribles amenazas donde los adultos vemos cosas de lo más
normales. Tengamos en cuenta que el miedo es un necesario y saludable mecanismo
de los seres vivos para protegerse de estímulos desconocidos y potencialmente
peligrosos. Y si encima esos fenómenos se acompañan de una estimulación intensa
(ruido fuerte, colores estridentes, movimiento brusco, demasiada gesticulación...)
es normal que el niño los perciba como amenazadores y reaccione con intensidad.
Cierta
capacidad de miedo tiene una función positiva y protectora. Un niño debe tener
miedo al tráfico de coches y al fuego, por citar dos temores útiles. Luego hay
una serie de miedos más o menos fantásticos, que aparecen en todos los niños y
que normalmente desaparecen al cabo del tiempo: miedo a ser devorado, a la
oscuridad, a los personajes de ficción...
Hay que ser
comprensivos
La actitud
de los padres ante estos miedos infantiles es importante. No hay que regañarles
por tenerlos, y no debemos burlarnos. Tampoco podemos confiar demasiado en que
las explicaciones lógicas les tranquilicen, aunque no debamos renunciar a
dárselas ("los monstruos no existen"). Así que debemos admitir que
estos miedos son normales, permitirles expresarlos y ofrecerles nuestra
atención y nuestro cariñoso apoyo.
Necesitan sentirse
queridos
Al expresar
sus miedos y recibir una respuesta cariñosa y tranquilizadora de sus padres, el
niño cubre una necesidad básica, la de saber que no está indefenso ante los
peligros, reales o imaginarios, y que puede encontrar abrigo frente a ellos.
También hay que alentarle para superar el miedo, elogiándole por ello (¡qué
valiente!). Hay que darle protección, pero también dejar que se aventure, en
esta edad de intensa curiosidad y exploración.
TIPOS DE MIEDOS
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